sábado, 13 de septiembre de 2014

Cuando caes en la monotonía.

No se que hacer, la verdad. Estoy cansado de esta terrible vida, que a veces parece que me castiga. Dejar esta vida seria lo mas fácil. Pero no lo puedo hacer, no es que no tenga el valor, que lo tengo de sobra.
Las facturas llegan cada mes y con una constancia que me abruma, no se les escapa ninguna. De todas formas y con la cabeza echa un lió salgo a la calle, con la esperanza de encontrar algo que me atrape y no me permita irme de este mundo. Mi gozo en un pozo cuando me encuentro rodeado por tanto hormigón, electricidad y decepción. Camino por la avenida principal, las mas grande de la ciudad, por la que pasan miles de personas al día, para terminar encontrándome con un mendigo en una equina, solitario y con cara de pocos amigos. Me acerco a él y le doy las cuatro monedas que tengo en mi viejo pero servicial pantalón.

¨Tanta gente que pasa por esta avenida, llena de joyas, ropas y maletines de marcas caras, y solo tú, con tus viejas ropas, paras y tienes la bondad de darme las pocas monedas que llevas¨ Me dice el mendigo, ahora con una cara que no cualquiera es capaz de poner en estos días. Si me pongo a pensar en como tantas personas pueden pasar por encima de una persona como esta y ni siquiera darle el buenos días, me duele en lo mas profundo de mi ser; pues esta misma gente se encarga de arruinar a los demás y llevarnos a replantearnos nuestra existencia. Pero bueno, así es la sociedad, egoísta y mal tratadora, que nos ignora y a la vez os exige sin temor y con placer,  ara que los fuertes ganen y los débiles que se esfuerzan continúen en sus miserias. Sin darle mas vueltas al asunto me levanto y me voy, con el estomago en rugidos de hambre y la cabeza en furia incontrolable. Me dirijo a un bar que conozco a las afueras de la ciudad. Con unas cervezas y un buen bocata de jamón serrano calmo el hambre en mi interior, pero la furia sigue y no se como calmarla, pues desde pequeño he estado impregnado de la maldición de la ira. 

Me voy a mi casa pensando en tantos males, llego al rellano y me encuentro con la implacable oscuridad en la que vivo: plantas muertas por todos lados, a falta de agua con que regarlas; las paredes rotas y la pintura caída.

Entro a mi casa y me acuesto en el sofá al lado de la chimenea, para ver que echan por la televisión mientras me duermo. Lo mismo de siempre; noticias de asesinatos, la corrupción de nuestros políticos y la mala educación de los presentadores. Termino como siempre, cansado de todo - incluso de la televisión - y me voy a la habitación aun pensando en como sería vivir donde los mortales no me vean. Guardo la pistola que siempre llevo conmigo en el cajón de la mesita de noche y me acuesto en mi cómoda cama, para terminar durmiéndome. Y solo hago esto todos las días, para despertarme mañana con la misma pregunta de siempre: ¿Me mato o no me mato? 

El decline de una carrera.

La política, un tema tan tratado y tan criticado en Colombia, es el tema principal en el que los tres autores caen, unos en criticar y otros en apoyar. La política, que toma forma como Juan Manuel Santos y Zuluaga, crea un conflicto pacifico entre tres amigos de toda la vida. La forma en la que la política  afecta y puede llegar a cambiar un país es el tema que estos tres intelectuales tratan. 
El autor que inicia la pelea o conflicto no violento es William Ospina, un aclamado intelectual Colombiano que ha tratado temas de alta importancia y que en esta ocasión nos ¨deleita¨ con u ensayo sobre los dos principales aspirantes a la presidencia Colombiana. El tema no va mas allá  y los argumentos del querido william se centran por completo en la política que cada uno de los aspirantes maneja y con la cual podrian ayudar o arruinar el país. Jose Zuleta Ortiz y su otro amigo Fernando Cruz, alzan sus plumas y crean dos cartas en forma de ensayo hacia Ospina para hacer entrar en razón a su buen amigo atacando de alguna forma su forma de pensar hacia los aspirantes a la presidencia. Pero siempre manteniendo la amistad por encima de las opiniones.

William Ospina se centra en como Zuluaga es el mejor de los dos males que Colombia afrontara en estas elecciones. Según el, entre Santos y Zuluaga, zuluaga es el mejor, pero los dos son malos de todas formas y no ejercen una política que tenga la capacidad de cambiar de alguna forma el país. Continua el ensayo o crítica diciendo que el país ha estado dominado por la familia de Santos y Uribe y que con esto han llevado al país a lo que es hoy en día. Los ¨amigos¨ de el toman una postura totalmente diferente, y le dejan muy claro que ellos están en contra de sus argumentos y de como refleja su opinión ante un tema de tanta importancia.
Fernando Cruz le recuerda que sabe como Ospina odia a la élite bogotana, según el la causante de todos los males actuales de Colombia, y continua dando sus argumentos criticando de forma muy constructiva a William Ospina y le hace una cordial invitación a retractarse acerca de como ha difamado el nombre de los dos candidatos a la presidencia. 

Me parece que toda la argumentación que Ospina usa en su ensayo para convencernos se queda corta, y deja una sensación de vació ante un tema tan extenso. No hay una base argumental solida que me de la mas mínima sensación de complacencia o acuerdo hacia las ideas propuestas en su ensayo.
Escribe desde el odio hacia una elite que puede haberle hecho daño o rechazado de alguna forma (lo desconozco totalmente) pero esto se refleja en el ensayo y, cuando se escribe desde el odio, nada bueno puede resultar.

Los amigos que con tanta amabilidad y cariño le escriben tienen toda la razón en cuanto a como Ospina se ha ¨ suicidado¨ y como la pobreza de sus argumentos este penoso ensayo le han llevado a caer en la aberración. En cuanto a la política solo puedo decir que Ospina esta bastante equivocado y acertado a la vez, pero no tiene por que hacer publicas sus preferencias al voto ni criticar directamente y con tanta desfachatez a los pasados candidatos a la presidencia.